¿Qué es ser argentino?… Una reflexión más allá de los negocios

Por Pablo Furnari

 

Hace algún tiempo leí que un tal Christopher J. Davison nació el 15 de octubre de 1948 en la estancia Las Magnolias, a pocos kilómetros de San Eduardo, Provincia de Santa Fe…

Su padre era el diplomático irlandés Charles Davison y que su madre, Maeve Emily de Burgh, era su asistente. A los muy pocos años, él y su familia, se vieron obligados a abandonar Argentina ya que su padre, por razones de trabajo, tuvo que instalarse en otros países.

Christopher, desde la adolescencia, se dedicó a la música y utilizando el nombre artístico de Chris de Burgh llegó al puesto número uno del ranking del Reino Unido y al número tres del Billboard a mediados de la década de los ochenta. Compuso, entre otros, canciones muy exitosas (que hoy siguen escuchándose en radios) como Lady in Red, Missing you y When I think of you.

Esta pequeña historia nos dice que de acuerdo a nuestro actual sistema de adquisición de la nacionalidad – que se rige por el “ius soli”, que significa que con el sólo hecho de nacer en suelo argentino le da derecho a obtener nuestra nacionalidad -, tanto Chris de Burgh como yo somos argentinos.

Mi partida de nacimiento dice que nací en Caseros, Provincia de Buenos Aires y la de Chris de Burgh dice que nació en la provincia de Santa Fé… ambos somos argentinos! Tenemos los mismos derechos y obligaciones! (por lo menos cuando estamos en territorio argentino)

Entonces me pregunté: ¿qué es ser argentino?

Al estar dentro de un mismo límite geográfico, tener el mismo himno, tener la misma televisión, mismo presidente(a), mismos “ídolos”, el mismo huso horario y una misma historia entre otras cosas, concluimos: “somos argentinos!”

A mi parecer es una forma muy simplista de ver las cosas…

Para intentar responderme esta pregunta hice la siguiente analogía:

Un escultor se encarga de hacer estatuas, pero no todas son iguales ni tienen por qué ser del mismo material. Así es como la cultura de un país nos moldea suponiendo que el escultor se llama Argentina.

Las esculturas – en este caso las personas, siguiendo con el símil – se diferencian de las de piedra o el material que fuere, fundamentalmente en que además hacen cambios, adaptaciones, mutaciones como por ejemplo al viajar, al informarnos, al vivir experiencias.

Lo que quedará es una obra del mismo artista – Argentina – pero los trazos comunes serán difíciles de seguir.

No todos vemos el mismo programa, a no todos nos gusta el campo o el mar o la montaña, en el sur de Argentina el clima es tan frío como lo puede ser en alguna ciudad del norte asiático, las costumbres son muy distintas en la Quebrada de Humahuaca, en la Patagonia, en Cuyo, en el Litoral, en la Pampa, o en el centro porteño.

Queda claro que en Argentina usamos tópicos o etiquetas para todo. Y utilizando etiquetas creamos bloques: siempre hay que estar a favor o en contra de….. lo que sea en el momento que sea.

La historia (en el gran sentido de la palabra) nos indica que siempre hay bandos con gente que defiende ideas de país muy distintas. Siempre hay que ser Radical o Peronista, Unitario o Federal, de izquierda o derecha, campo o ciudad, aristócratas o pueblo, River o Boca, K o anti K, Maradona o Messi, etc, etc. Y cómo no hablar del Papa Francisco!! Qué argentino refleja??

Por otro lado escuche a lo largo de mi vida: “Argentina crisol de razas”, “Argentina un país en serio”, “Argentina granero del mundo”, “Argentina campeona del mundo”, “Argentina…..Argentina…..Argentina…..”.

Escribo y sigo sin entender qué es ser argentino…

Si digo que no soy argentino parece como que niego mi patriotismo y no es así en absoluto!.

Me refiero a que no duermo la siesta, no siento nada ante una bandera que levanta gente que no comulgo, no defendería con un arma ni a puños una decisión tomada por un líder político o religioso, no salgo a la ruta a protestar, no corto calles, no voy a una plaza a reclamar ni a apoyar ni a festejar….pero sí deseo el desarrollo en paz del país donde nací, el derecho a la libertad de expresión, a la seguridad, al reparto equilibrado de la riqueza, a poder ir y venir, etc.

Lo mejor para la sociedad es un patriotismo generoso, reflexivo, menos tópico.

Admito que si lo que me tocó vivir en Argentina en mis 42 años de vida es un reflejo de mi futuro en este país…entonces no quiero comportarme como un argentino!

Pero no quiero renunciar a serlo sino que es serlo de una forma distinta incluyendo aquellos rasgos de carácter y de comportamiento que quienes ponen tópicos o etiquetas adolecen.

¡Los tópicos deforman la realidad siempre!

Por mi profesión tengo que estar en contacto con el mundo constantemente.

Escuchar en el exterior cuando hablan de Argentina a veces duele. Nos ponen etiquetas todo el tiempo: “no negocio con Argentina!” “los argentinos son chantas….inestables….complejos…!” escuche muchas veces. Yo no lo soy! digo. Pero que pasa: el mundo recuerda con más facilidad ejemplos que apoyan el estereotipo que aquellos que lo desafían!

La globalización no uniformiza como se oye insistentemente, al contrario, cada cual es más libre para elegir como quiere ser, libera de las etiquetas catalogantes. Aflora el individuo, decidiendo en cada momento “lo que quiere ser” usando como muletas su personalidad y su educación.

Volviendo al ejemplo de las esculturas pienso: cuanto mas uniformador sea el escultor, cuanto menos materiales emplee, cuanto mayor sea el grado de libertad de las estatuas para elegir su propio camino, cuanto menos restricciones al comportamiento en función del trabajo, cuanto menos imperativos religiosos, imposiciones sociales y tradiciones que nadie cuestiona, más se parecerán todos los que viven bajo el martillo del escultor.

Argentina ha sido un escultor imperfecto en toda su historia.

Quizás llego el momento del “escultor global”, donde empecemos a ver como tallan otros martillos y donde el día de mañana, a estas esculturas argentinas que somos, le pongan una etiqueta que nos enorgullezca siempre y en todos lados.

 

 

 

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